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TIENEN UNA ANTIGÜEDAD DE 144 MILLONES DE AÑOS Descubiertas en Bolivia las huellas de dinosaurio más antiguas de Sudamérica  El paleontólogo argentino Pablo Gallina, junto a unas huellas de dinosaurio descubiertas en el sur de Bolivia. (Foto: EFE)
LA PAZ.- Dos paleontólogos argentinos han confirmado que las huellas de dinosaurio descubiertas hace meses en el sur de Bolivia por dos campesinos y que tienen más de 144 millones de años, son las más antiguas de Sudamérica. El especialista Sebastián Apesteguía informó de que el hallazgo consiste en unas 300 huellas de dinosaurio de más de 144 millones de años de antigüedad, que se encuentran en el municipio de Icla, en el departamento de Chuquisaca. "Hemos tenido la suerte de hallar la localidad con las huellas más antiguas del continente, cuya data duplica a todas las demás conocidas", aseguró Apesteguía. El paleontólogo argentino, acompañado de su compatriota Pablo Ariel Gallina, permanecieron 10 días desde el pasado 31 de octubre realizando estudios en la zona. "Tenemos un dinosaurio de tipo herbívoro que camina junto a sus crías, un dinosaurio carnívoro y otro acorazado que podría ser un anquilosaurio o un ceratopsio", señaló el investigador. Sin embargo, comentó que el próximo mes, tras continuar con sus trabajos en Argentina, "se sabrá a ciencia cierta qué tipo de animales fueron los que dejaron sus huellas en ese sector". "Estamos empezando a registrar una nueva fauna de dinosaurios desconocida que hasta ahora no se había registrado en Bolivia", afirmó el científico. Para Apesteguía, otro dato interesante es que las huellas del adulto están junto a las de sus crías, lo que "significa que hay un comportamiento de manada y protección y eso es importante a la hora de analizar el hallazgo".
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El hallazgo del artrópodo más primitivo adelanta la aparición de la vida compleja  Huellas de uno de los primeros animales (Foto: Kevin Fitzsimons, Universidad del Estado de Ohio).
MADRID.- Los hallazgos fósiles tienen la virtud -y el riesgo- de revisar constantemente las teorías evolutivas. Cada descubrimiento tiene el potencial de revolucionar la visión vigente y recolocar el mundo en otro orden. Loren Babcock, profesor de Ciencias de la Tierra en la Universidad de Ohio, estaba explorando las rocas de una zona montañosa en Nevada cuando creyó encontrar algo que iba a sacudir la paleontología: la supuesta evidencia de que la vida compleja ya existía antes del Cámbrico, periodo en el que se sitúa su primera gran explosión. Lo que Babcock halló fueron las huellas de un animal con patas datadas en el periodo previo al Cámbrico, el de Ediacara, hace 570 millones de años. Hasta hace poco se creía que antes del Cámbrico sólo había microbios y animales pluricelulares simples. Pero según Babcock, esto está cambiando. "Continuamos hablando de la posibilidad de que hubiera animales más complejos en Ediacara (corales blandos, algunos artrópodos, gusanos), pero las evidencias no eran convincentes", dijo Babcock. "Si encuentras pruebas, como nos ha ocurrido, de un animal con patas, entonces esa posibilidad se vuelve mucho más real". Los resultados fueron presentados el pasado domingo durante un encuentro de la Sociedad Geológica Americana en Houston.
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EN AGUAS DEL PACÍFICO HACE UNOS 10.000 AÑOS Un gran tsunami arrastró bloques gigantes de coral al interior de la isla de Tongatapu - Las olas llevaron rocas del tamaño de una casa 400 metros tierra adentro
- Los bloques coralinos forman una línea de tres kilómetros frente a la costa
- El maremoto fue provocado por una gran erupción volcánica cercana al lugar
 Varias personas posan junto a uno de los bloques de coral arrastrados hasta el centro de la isla de Tongatapu por el tsunami y cubierto de vegetación por el paso del tiempo. (Foto: GSA) Sobre el oscuro terreno volcánico de la isla de Tonga destacan desde tiempo inmemorial una serie de enormes bloques de coral. ¿Cómo pudieron llegar hasta allí? Las rocas forman parte del paisaje local y son bien conocidas por los isleños. Hasta existe una leyenda para explicar su origen: el dios Maui las lanzó fuera del agua para asustar a un gran pájaro devorador de hombres. Ahora, los científicos han encontrado un motivo menos mítico pero igualmente espectacular para explicar su existencia. Un gigantesco tsunami las arrancó del arrecife que rodea la isla y las arrastró 400 metros hasta el interior. Los geólogos, incluso, han encontrado bajo el agua su localización original. La serie de enormes bloques de roca coralina yace a lo largo de tres kilómetros en la orilla oeste de la isla de Tongatapu, en el archipiélago de Tonga, en el Pacífico, y pueden ser la evidencia de uno de los más potentes tsunamis producidos por una erupción volcánica que se conocen. "Pueden ser los bloques de roca más grandes desplazados por un tsunami en todo el mundo", ha declarado al servicio de noticias científicas Eurekalert Matthew Hornbach, del Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas, quien expondrá sus teorías en el próximo encuentro de la Geological Society of America. Los investigadores del equipo de Hornbach viajaron a isla de Tongatapu en noviembre de 2007, como parte de una campaña de estudio de tsunamis. Partían de la base ya conocida de que algunas grandes 'rocas errantes' que se encuentran junto a ciertas costas han sido arrastradas allí por maremotos.  Roca desplazada por el tsunami que produjo la explosión del volcán Krakatoa en 1883. (Foto: SGA) De hecho, existen casos bien documentados, como las enormes bloques que fueron movidos por el tsunami que se produjo tras la explosión del volcán Krakatoa en 1883, en aguas del estrecho de la Sonda, junto a Indonesia. Ese evento volcánico, sucedido en época histórica, estremeció al mundo. Se estima que liberó una energía como la de 10.000 bombas atómicas y que murieron unas 40.000 personas. Las olas que provocó el colapso del edificio volcánico alcanzaron 40 metros de altura y algunas rocas movidas por el tsumani en la orilla llegaron decenas de metros tierra adentro. A raíz del maremoto que asoló Asia en 2004, ha explicado Hornbach, ha habido un esfuerzo para "encontrar, documentar y analizar grandes bloques erráticos de roca que puedan ser restos depositados por tsunamis pasados con la intención de calcular el tamaño, la frecuencia y la localización de esos eventos". Con esa idea en la cabeza, su equipo viajó al archipiélago de Tonga tras haber oído hablar de las 'extrañas' rocas del interior de la isla. La expedición les sirvió para comprobar que esas rocas, mayores que una casa muchas de ellas, se alineaban durante tres kilómetros y que en ocasiones llegaban a estar hasta 400 metros dentro de tierra firme. Habían encontrado, según defienden, "los mayores depósitos movidos por un tsunami en toda la Tierra". Datación del 'paleotsunami' ¿Cuándo ocurrió aquel fenomenal tsunami? La conclusión del estudio es que data del Holoceno, es decir, desde los últimos 10.000 años hasta nuestros días. Para llegar a esa conclusión, los investigadores llevaron a cabo un estudio radiométrico de la edad de las rocas y una interpretación estructural y sedimentaria de su entorno. Para empezar, se descartó la posibilidad de que el origen de 'las piedras del dios Maui' no fuera un tsunami. Pero había multitud de evidencias que lo probaban. En primer lugar, los bloques de coral no pueden haberse formado en su actual localización ya que el sitio donde se encuentran es de origen volcánico. Tampoco pueden haber sido movidos por 'tormenta' o ciclón de ningún tipo, pues no los hay capaces de liberar tanta energía. Las erupciones volcánicas submarinas pueden provocar los más potentes maremotos
Puesto que la isla es plana, no es posible, además, que puedan haber rodado desde ninguna otra localización. En realidad, los bloques están hechos del mismo material coralino que rodea la isla, que es volcánica. Como es sabido, el coral tiene un origen biológico y crece formando anillos rocosos en torno a algunas islas del Pacífico, sean estas del material que sean. Algunas de ellas pueden ser totalmente de coral, pero Tongatapu es distinta: tiene un centro volcánico rodeado de un círculo coralino. Después hubo que averiguar la edad de las rocas: 122.000 años aproximadamente, tras llevar a cabo diversas mediciones por los procedimientos establecidos de datación. De modo que el tsunami no pudo ocurrir lógicamente, antes de esa fecha. Los investigadores piensan que las rocas llegaron a tierra bastantes después de formarse. Para sostener ese argumento, hacen notar que apenas están cubiertas por una fina capa de tierra en su parte superior. Además, el el profundo suelo volcánico que cubre buena parte de la isla es muy fino precisamente en el entorno de los bloques de roca. Esto sugiere, según los geólogos, que el área fue 'lavada' por olas en el pasado reciente, entendido en términos geólogicos de cómputo de tiempo y que no ha habido tiempo para que nuevas erupciones volcánicas repusieran el suelo en ese área. Los investigadores creen que un tsunami sacó las rocas del agua en los últimos 10.000 años
Además, no hay una base de residuos calizos al pie de los bloques de coral, como debería haber ocurrido si hubieran sido expuestos a la lluvia durante mucho tiempo, con lo que la conclusión del equipo de Hornbach es que aunque los corales datan de hace 120.000 años, fueron sacados del mar en los últimos miles de años. Estudiar para prevenir Una de las conclusiones más relevantes del estudio llevado a cabo en la isla ha sido comprobar la virulencia de los tsunamis producidos por erupciones volcánicas. Una cadena de volcanes sumergidos se extiende sólo a 30 kilómetros de Tongatapu y a ellos atribuye el equipo de la Universidad de Texas el origen del paleotsunami que azotó la isla. Para ello estudiaron también el fondo marino y las condiciones del manto. Los autores destacan que el tsunami que asoló Asia en 2004 fue provocado por un terremoto submarino, es decir, por un desplamiento de las placas terrestres bajo el mar, y que las investigaciones se han centrado hasta ahora en ese tipo de fenómenos. Sin embargo, el antiguo tsunami recién documentado en Tongatapu, y el del Krakatoa, ambos de origen volcánico, son claras muestras, consideran, de la enorme potencia que pueden desarrollar ese otro tipo de maremotos. Por ello creen que se debe reforzar su estudio para conocer la frecuencia con la que ocurren y las zonas más proclives a sufrirlos. "Hay muchos lugares en el mundo con rocas similares a las del Tongatapu y con volcanes submarinos cercanos y la gente que vive allí no ha prestado mucha atención a la prevención ante tsunamis", ha afirmado Hornbach a la Sociedad Geográfica de EEUU. De hecho, los habitantes de Tonga viven junto a las rocas sin haber sido advertidos sobre qué hacer en caso de tsunami, afirman los investigadores.
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TIENEN 4.280 MILLONES DE AÑOS Halladas las rocas más antiguas de la Tierra - Fueron localizadas en Canadá por un grupo de científicos norteamericanos
- La anterior más antigua es 300 millones de años más reciente
 Pedazo de la roca más vieja del planeta. (Foto: 'Science?) .- Científicos norteamericanos han localizado las que, de momento, son las rocas más antiguas de la Tierra: dioritas de origen volcánico que tiene en torno a 4.280 millones de años, a tenor de la datación realizada con métodos geoquímicos. Las rocas en cuestión fueron localizada por el estudiante Jonathan O'Neil y sus colegas, de la Universidad de McGill (Canadá) en un extenso paraje de piedra conocido como Nuvvuagittuq, al este de la bahía de Hudson, en Quebec, un lugar que ya era conocido desde 2001 por albergar rocas muy viejas. Para determinar su edad, O'Neil y Richard Carlson, profesor de la Institución Carnegie de Washington, midieron las minuciosas variaciones de la composición isotópica de elementos de las rocas como el neodimio o el samario, que tienen una gran capacidad magnética. Fue así como concluyeron que debían tener entre 3.800 y 4.280 millones de años y que se trataba de depósitos volcánicos muy primitivos. De hecho, se estima que la Tierra se formó hace 4.567 millones de años, por lo que las rocas de Nuvvuagittuq serían el primer indicio de la primera corteza terrestre. Hasta ahora, los vestigios más antiguos de la corteza que se habían encontrado consistían en unos granos minerales dispersos, denominados zircones, que fueron hallados en Australia occidental. Sin embargo, la roca más antigua conocida era el Acasta Gneiss, encontrada al norte de Canadá, en los territorios del noroeste, con 4.030 millones de años de antigüedad, es decir, casi 300 millones de años más 'joven' que las que esta semana se dan a conocer en la revista 'Science'. También en Groenlandia se habían localizado rocas de hace 3.800 millones de años que provenían del fondo de los océanos, según publicó la misma revista en marzo de 2007. Todos estos hallazgos ayudarán a analizar cómo y cuándo se formaron los fenómenos tectónicos del planeta en sus orígenes. En sus conclusiones, los científicos recuerdan que los restos de la corteza terrestre más primitiva son muy escasos, debido a que han sido triturados y reciclados en el interior de la Tierra debido a movimientos de las placas. En todo caso, las nuevas rocas canadienses no sólo son significativas para los geólogos por su edad, también lo son por su composición química, dado que es similar a la de otras rocas volcánicas que existen en entornos geológicos donde las placas tectónicas chocan entre ellas. «Esto nos da una visión sin precedentes sobre los procesos mediante los cuales se formó la corteza terrestre», ha señalado Carlson.
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HALLAZGO ARQUEOLÓGICO Cinco milenios de historia con los burros- Descubren en una tumba de Egipto 10 esqueletos de estos animales
- El hallazgo demuestra que ya se usaban como medio de transporte hace 5.000 años
Fósiles encontrados en una tumba en el yacimiento de Abydos. (Foto: PNAS) Injustamente denostado por su cabezonería e ignorancia, el burro ('Equus asinus') lleva 5.000 años ayudando al ser humano en la dura tarea de acarrear pesadas cargas. Así lo acaba de desvelar un equipo internacional de investigadores, que ha encontrado 10 esqueletos que demuestran que su proceso de domesticación fue más lento y menos lineal de lo que se piensa. Los arqueólogos, dirigidos por Fiona Marshall, antropóloga de la Universidad de Washington (Estados Unidos), han podido retroceder a sus primeros días gracias al hallazgo de los 10 esqueletos de burro en una tumba del complejo mortuorio faraónico de Abydos, al sur de El Cairo. Se desconoce el nombre del Rey que quiso tenerles a su lado en la otra vida, aunque se sabe que vivió 3.000 años a. de C., en la primera dinastía, la época de los faraones Narmer y Aha. Los sepulcros para enterarles fueron construidos con ladrillos de fango y cubiertos con madera, por los que estaban prácticamente completos. Tan sólo a uno de ellos le faltaba el cráneo, posiblemente por la acción de antiguos saqueadores de tumbas. Vértebras lesionadas de los burros de Abydos. (Foto: PNAS) Debido a su excepcional conservación, los arqueólogos incluso encontraron pelos y tejido para analizar el ADN y han podido realizar un análisis comparativo de sus huesos con los de los asnos salvajes africanos (somalís y nubios), con fósiles hallados anteriormente y con 53 ejemplares de burros modernos de diferentes continentes. «La investigación nos dice que su origen es africano y que la domesticación fue previa a cambios en su esqueleto e incluso en sus genes», explica Marshall a raíz de la publicación del trabajo en la revista 'Proceedings of National Academy of Science (PNAS)' en su edición de esta semana. Vértebras lesionadasLo cierto es que aquellos primitivos burros egipcios, que al parecer provenían de los asnos nubios, tenían lesiones en las vértebras causadas por el peso, así como otras patologías propias del confinamiento. Sin embargo, aún se parecían mucho a sus antepasados, algo mayores. Se descubrió, también, que existían entre ellos numerosas diferencias individuales, lo que fundamenta la hipótesis de que su domesticación fue lenta, aunque ya se observa un cambio fenotípico considerable durante esa temprana dinastía. Algunos investigadores mantienen que los pastores africanos comenzaron a utilizarles hace unos 6.000 años, cuando aumentó la aridez en el desierto del Sáhara. "Su capacidad de llevar cargas pesadas en tierras sin vegetación les permitía moverse más lejos y con más frecuencia", señalan los arqueólogos. El hecho de que fueran enterrados cerca del faraón da idea del gran valor social que se les otorgaba por esta función que, de hecho, siguen ejerciendo en buena parte del norte de África y, en general, en las zonas más pobres del globo a las que no llegan los todoterreno. No es de extrañar su prestigio durante la primera dinastía, cuando era habitual que al morir el faraón se enterrara, en otras tumbas cercanas, restos de animales u objetos que pudieran serles útiles en la otra vida. Después, como recuerda el arqueólogo del CSIC Andrés Diego Espinel, cayeron en desgracia y se les relacionó con el dios egipcio del mal Seth. "Más adelante en el tiempo ya es raro encontrarlos en una necrópolis porque tenían un valor negativo".
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NVESTIGACIÓN PUBLICADA EN 'SCIENCE' El nivel de los océanos en el Cretácico era 170 metros superior al actual - Los actuales continentes estaban invadidos por mares de poca profundidad
- Las aguas seguirán retrayéndose a lo largo de los próximos millones de años
Desde los tiempos en que los dinosaurios dominaban la Tierra, los mares han ido retrayéndose y reduciendo su nivel, y esta tendencia continuará en el futuro, pese a que el derretimiento de los casquetes polares podría provocar súbitos aumentos ocasionales. Tal es la conclusión de un nuevo estudio realizado en la Universidad de Sidney (Australia), que ha tenido en cuenta todas las fuerzas que contribuyen a los cambios del nivel de las aguas y de forma especial al envejecimiento de las cuencas oceánicas, un factor que resulta determinante a largo plazo, según los científicos. Según el nuevo modelo, que acaba de publicar la revista 'Science', el nivel global de los océanos era 170 metros superior al actual hace 80 millones de años, en el Cretácico Superior. En esa época, los continentes estaban bañados por mares de profundidad y no había glaciares en los polos. Hasta ahora, las estimaciones sobre los niveles del mar en el Cretácico, un periodo aún más caluroso que el nuestro, variaban entre los 40 metros y los 250 metros por encima de los actuales. El nuevo estudio, cuyos tardaron 10 años en reunirse y que ha tenido en cuenta factores que antes se pasaban por alto, concilia las distintas variaciones previas al resolver que se debían a un error de apreciación sobre la evolución de la costa de Nueva Jersey, que al parecer sufrió la embestida de una antigua placa oceánica hasta hundirse de 105 a 180 metros durante los últimos 70 millones de años, según los científicos australianos.  Comparación de la Tierra de hace 80 millones de años (arriba) con las predicciones de cómo será dentro de 80 millones de años (abajo). Cuando se aplica el modelo al futuro, los resultados indican que los cambios de las cuencas oceánicas son determinantes y que éstos seguirán provocando un encogimiento progresivo de los océanos. En los próximos 60 millones de años, según estos datos, el nivel de las aguas descenderá varias decenas de metros. Pero esta tendencia no será visible hasta dentro de mucho más tiempo del que nuestra especie lleva habitando el planeta. "Esto significa que si los humanos aún existimos en 10, 20 o 60 millones de años, independientemente de que los glaciares crezcan e independientemente de que el clima cambie en la superficie terrestre, la tendencia a largo plazo es que el nivel del mar bajará, no aumentará", explica en investigador Dieter Müller, uno de los autores del estudio. Sin embargo, Müller precisa que "a corto plazo el nivel del mar aumentará, debido al cambio climático inducido por los gases de efecto invernadero", sin que ello afecte a la tendencia general en una escala de tiempo mucho mayor.
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ESTUDIO PUBLICADO EN 'NATURE' Descubren el fósil de un pez y su cría aún unidos por el cordón umbilical * El hallazgo es la prueba más antigua de sexo y maternidad entre vertebrados * Ayudará a explicar cómo se pasó de poner huevos a la fertilización interna 
SIDNEY.- Un equipo de científicos australianos ha presentado los restos fosilizados de la madre vertebrada más antigua jamás descubierta, un pez placodermo (con caparazón) con su embrión aún unido por el cordón umbilical.
El fósil, hallado en el yacimiento de Gogo, al noroeste de Australia, prueba que las especies antiguas ya tenían una avanzada biología reproductiva, comparable a la de los modernos tiburones o rayas, según ha explicado John Long, responsable del área científica del Museo de Victoria, en Melbourne. "No es sólo la primera vez que se ha encontrado un embrión fósil con el cordón umbilical, sino también el ejemplo más antiguo conocido de cualquier animal pariendo a una criatura", en palabras de Long. Los placodermos, a menudo denominados 'los dinosaurios de los mares', dominaban los mares y lagos del mundo durante casi 70 millones de años. La mayoría de especies de peces con caparazón eran bastante pequeñas, pero algunos superaban los seis metros de longitud. Los placodermos pertenecieron al periodo Devónico tardío, en el que surgieron los primeros animales terrestres, evolucionados a partir de los peces. "Este descubrimiento altera nuestra comprensión de la evolución de los vertebrados", indica Long. "Tendremos que replantearnos la evolución temprana de los vertebrados en cuanto al modo en que la reproducción ha dirigido eventos evolutivos". Long ha añadido que se sabe muy poco sobre cómo los cambios reproductivos que llevaron desde la puesta de huevos hasta la fertilización interna han afectado en el pasado remoto a la evolución de las especies. Los científicos han publicado su descubrimiento en el último ejemplar de la revista 'Nature'.
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ENTERRAMIENTO EN ALEMÁN Masacre neolítica por un secuestro de mujeres- Paleontólogos británicos revelan que hubo una batalla por las féminas
- Ocurrió hace más de 7.000 años entre tribus trashumantes
Enterramiento de huesos del Neolítico. (Foto: 'Antiquy' Llegaron al asentamiento, secuestraron a casi todas las mujeres y sus varones perdieron la vida sin poder rescatarlas de los enemigos. Ocurrió hace más de 7.000 años, en pleno Neolítico, en los alrededores de lo que hoy es la ciudad alemana de Talheim, cerca de Lepizig. Esta es la conclusión a la que han llegado un grupo de investigadores, dirigidos por Alexander Bentley, de la Universidad británica de Durham, que han analizado los restos dentales de un enterramiento de 34 individuos, utilizando medidas de isótopos de estronio, carbono y oxígeno. Gracias a los datos obtenidos han podido obtener un retrato, bastante fiel, según sus palabras, de lo que ocurrió en aquella brutal masacre y las relaciones que había entre todos los muertos. Los estudios realizados en los dientes, que pertenecen a 18 adultos y 16 niños, les han ayudado a determinar que los esqueletos corresponden a dos tribus y que algunos de sus miembros tenían rasgos hereditarios comunes. Todos ellos fueron asesinados salvajemente en el mismo ataque, algunos con fuertes golpes de hachas de piedra en la cabeza. Las víctimas fueron enterradas juntas en el mismo hoyo, a tres metros de profundidad en una tumba que se encontró en los años 80 del siglo XX. En las primeras investigaciones todo parecía indicar que los muertos pertenecían a una homogénea y aislada población, pero no es así, como ahora publican en la revista especializada 'Antiquy'. Bentley y sus colegas han averiguado que aquellos neolíticos, que vivieron hacia el 4.900 antes de Cristo, pertenecían a tres grupos diferentes. En uno de ellos, que era el de la tribu local, curiosamente sólo hay restos óseos de hombres y de niños de diferentes edades. Ello hace pensar a los investigadores que las hembras habían sido capturadas por los atacantes y llevadas vivas a otro lugar. Este secuestro habría sido la causa por la que se inició la cruenta batalla. Los grupos de los atacantes los han dividido en dos y en ambos murieron tantos hombres como mujeres de edades distintas. Uno de ellos corresponde a toda una familia, compuesta por padre, madre, hija, hijo y abuela. El otro es de individuos que, por lo que se ha averiguado de su alimentación, se sabe que vivían en una zona alejada de la comunidad atacada. «Todo parece indicar que apuntaron a esta comunidad concreta, como si fuera una venganza entre tribus rivales. Aunque la lucha por los recursos en Europa central era causa de enfrentamientos continuos, en este caso las pistas apuntan que aquí la razón del ataque fueron las mujeres locales, que fueron tratadas de forma diferente del resto y continuaron vivas», argumenta Bentley. Los paleontólogos señalan que se sabe que ha habido peleas por las mujeres desde hace cientos de años, y aún las hay, pero en el registro arqueológico era muy difícil discernir si ésta era la causa de algunas batallas o habían influido otros factores. «Por primera vez tenemos una clara evidencia de que ellas fueron el botín buscado», señalan. Las marcas que las hachas dejaron en la cabeza parecen señalar que las víctimas no pudieron defenderse o que intentaron huir del ataque, que les habría pillado por sorpresa. Estas tribus eran trashumantes y viajaban con rebaños de ganado de un lugar a otro.
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EN LA CUEVA DE EL SOPLAO, CERCA DE LA LOCALIDAD DE RÁBAGO Hallan en Cantabria el yacimiento de ámbar más importante de España  Detalle de unos de los insectos encontrados en ámbar. (Foto: EFE) Un equipo de investigadores del Instituto Geológico y Minero de España ha descubierto un yacimiento de ámbar con insectos del Cretácico desconocidos hasta ahora y con un estado de conservación "excelente" en el entorno de la cueva de El Soplao, cerca de la localidad cántabra de Rábago. Los insectos quedaron atrapados en el ámbar hace 110 millones de años, cuando Cantabria estaba inundada por el mar y por amplios estuarios y lagunas costeras bordeadas por bosques de coníferas, que exudaron la resina que generó este yacimiento, probablemente uno de los más importantes de Europa o incluso del mundo, según han destacado hoy los investigadores que lo han descubierto. Los autores del hallazgo son María Najarro, Enrique Peñalver e Idoia Rosales, quienes han explicado que presenta una acumulación de masas de ámbar "excepcional", lo que se une a que son muy escasos los yacimientos de este periodo que existen en el mundo. Además de pequeñas avispas, moscas, chinches, arañas, cucarachas y mosquitos chupadores de sangre que se alimentaban picando a los dinosaurios, el ámbar de El Soplao encierra una tela de araña distinta de la que ya se había descrito en un yacimiento de Teruel y que despertó un gran interés entre los científicos. También contiene restos fósiles de coníferas y el fragmento de ámbar azul más antiguo que se ha datado. El yacimiento, que permitirá profundizar en los ecosistemas de la era de los dinosaurios "a varias generaciones de paleontólogos", ha aflorado durante las obras de la carretera de acceso a la cueva de El Soplao, de la que dista tres kilómetros, y es el primer logro de los trabajos que se están haciendo en esta zona tras el convenio que firmaron en diciembre de 2007 el Instituto Geológico y la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria. Un descubrimiento excepcional También aportará información sobre el cambio climático porque hace 110 millones de años -45 millones de años antes de que un meteorito acabase con los dinosaurios-, esta región del planeta tenía un clima subtropical muy caluroso, la atmósfera era mucho más rica en CO2 que la actual y por lo tanto, el efecto invernadero era muy acusado. El yacimiento de El Soplao está además muy bien datado, algo que no ocurre con otros de la misma era, como los del Líbano, que son diez millones de años más antiguos que éste. En España existen más yacimientos de este tipo, pero son pocos los que contienen ámbar en grandes cantidades y en sólo dos esta sustancia encierra insectos y otros artrópodos con "cierta abundancia", los situados en Álava y en San Just, en Teruel.  Fragmentos del yacimiento.
Según Enrique Peñalver, quien está especializado en el estudio de insectos fósiles del Mioceno y del Cretácico, en sólo un trozo de pequeño tamaño del ámbar de El Soplao está representada la comunidad de insectos que existía hace 110 millones de años. Entre los distintos tipos de mosquitos hallados están los del grupo de los jejenes, que se alimentaban principalmente chupando la sangre de los dinosaurios, lo que podría llevar a algunos a preguntarse si podría recuperarse de esos insecto el ADN de los grandes reptiles extinguidos. Pero Peñalver ha se ha apresurado a aclarar que, aunque es una pena, eso es imposible, porque el ADN se conserva muy poco tiempo. Tras estos primeros resultados, al equipo del Instituto Geológico y Minero le espera ahora una excavación intensiva de la que está seguro que saldrán "nuevas sorpresas" porque los restos fósiles que guarda son tan abundantes que permitirán seguir investigando durante décadas e incluso durante generaciones. El director general de este instituto, Juan de Miguel, ha subrayado que este hallazgo es fruto de un trabajo riguroso que ha permitido "poner sobre la mesa un material excelente y de una importantísima calidad" dentro de un proyecto que "acaba de arrancar, con un resultado extraordinario".
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El origen jurásico de la dieta vegetariana
MADRID.- ¿Cuándo abandonaron los dinosaurios su dieta carnívora y empezaron a comer plantas? El análisis de un pequeño cráneo fosilizado de un joven heterodontosaurio del Jurásico constituye un hallazgo clave para responder a esta pregunta. El cráneo fósil del animal, que vivió durante el Jurásico temprano -hace unos 190 millones de años- en el territorio que hoy ocupa Sudáfrica, fue encontrado durante las excavaciones realizadas en los años 60 en ese país, y está en el Museo Sudafricano Iziko, en Ciudad del Cabo. Tiene sólo cuatro centímetros y medio de largo, y debió pertenecer a un heterodontosaurio muy joven de no más de 200 gramos (los adultos eran del tamaño de un pavo de unos dos kilos y medio). Según explica la doctora Laura Porro, investigadora de la Universidad de Chicago (EEUU) y coautora del estudio, probablemente los ancestros de todos los dinosaurios eran carnívoros y que los heterodontosaurios, que se encuentran entre los primeros dinosaurios adaptados al consumo de plantas, podrían representar la transición entre una y otra dieta. Los heterodontosaurios pertenecen al gran grupo de dinosaurios herbívoros, los Ornistisquios, pero su extraña composición de dientes -largos caninos para desgarrar y molares para triturar- había suscitado entre los paleontólogos cierta discusión acerca de lo que comían. Algunos científicos pensaban que incluían pequeños animales en su dieta normalmente vegetariana, mientras que otros sostenían que comían sólo plantas y que los colmillos eran sólo un rasgo que distinguía a los machos -un dimorfismo sexual-, como ocurre en los jabalíes. El estudio que publica hoy la revista Journal of Vertebrate Paleontology y que desvela la presencia de dientes caninos en la mandíbula del recién hallado joven heterodontosaurio, apunta hacia la primera hipótesis. Según el doctor Richard Butler, autor principal del estudio e investigador del Museo de Historia Natural en Londres, la presencia de estas piezas en un estadio del crecimiento tan temprano "sugiere que no se trata de un dimorfismo sexual, porque estos caracteres aparecen más tarde". Los científicos sospechan que los heterodontosaurios usaban los caninos, largos como colmillos, para defenderse de los depredadores, o para cazar algún insecto o algún pequeño mamífero o reptil. Es decir, eran seguramente omnívoros ocasionales. Lo sorprendente del estudio, y que abre una nueva incógnita, es que no han encontrado ni rastro de las piezas de reemplazo. Así que, a diferencia de la mayor parte de los reptiles, los heterodontosaurios no debían cambiar constantemente los dientes a lo largo de sus vidas. Al parecer, se parecían más a la mayoría de mamíferos que, como nosotros, cambiamos los dientes sólo una vez. Sólo que debían aparecer más tarde, durante el crecimiento, apuntan los autores. Con un desarrollo de la dentición más lento, explican, se consigue que las piezas dentales encajen mejor las unas con las otras y el mordisco sea más preciso.
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